e mayo de 1733, motivo de alegría y firme esperanza para los españoles de todas las generaciones.El P. de Hoyos, como es sabido, fallecía con tan solo 24 años después de un intenso apostolado de la devoción al Sagrado Corazón, no solamente en España, sino también en Hispanoamérica y Filipinas. Fruto de su activa y piadosa labor fueron las sucesivas consagraciones al Divino Corazón de diversas naciones de la América Hispana y la multiplicación de santuarios e imágenes por todo el mundo católico desde Barcelona a Río de Janeiro.
El pasado domingo 18, ha tenido lugar en aquella ciudad castellana la solemne ceremonia de beatificación de este religioso jesuita, claro testimonio de la presencia en la Iglesia de sacerdotes santos, en palabras del Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, que presidió el acto.
España ha sido oficialmente consagrada al Sagrado Corazón de Jesús por el rey católico Alfonso XIII, el 30 de mayo de 1919, en aquel, desde entonces histórico Cerro de los Angeles, centro geográfico de la Península Ibérica, donde se levanta la basílica y el pedestal con la sagrada imagen, visibles a muchos kilómetros de distancia.
Precisamente, hace solamente unos días, viajaba en el tren Málaga-Madrid, a primera hora de la mañana, y ya próximos a la capital, reparaba en el hoy Monumento Nacional que se divisaba en la lejanía. En los breves segundos durante los cuales puedo contemplar la estampa, considero la feliz iniciativa llevada a cabo por nuestros próximos antepasados, de poner a Cristo en el corazón mismo del solar patrio, y hacia allí dirijo en humilde plegaria aquellos versos de la "Ofrenda del Marinero", de la liturgia castrense, que, espontáneamente, me brotan desde el fondo del alma :
"¡ Bendícenos Séñor, bendice a España !"Es seguro que muchos serán los que hoy en día desearían ver materializada la promesa del Señor al P. de Hoyos, y sobre todo en estos tiempos de profunda crisis, preludio inmediato de otros de angustia y tribulación como ya se perciben. Parecen desconocer las reiteradas manifestaciones del Maestro en cuanto a su Reino: que no es de este mundo, que no se manifiesta ostensiblemente, y que ya se halla entre nosotros.
"¡ Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor !" Y es verdad que España goza de especial predilección dentro de los designios divinos puesto que ni el paganismo romano, ni el arrianismo visigodo, ni ocho siglos de islamismo, ni la sangrienta persecución de 1931-39, han logrado erradicar la fe de este pueblo, aquilatada durante milenios, y que se derramó con espíritu evangelizador y misionero hasta todos los rincones del orbe.
España ha enseñado a rezar al mundo, y es seguro que aún nos aguardan más altos destinos. Pero esto provoca las iras del enemigo que, tras sucesivos asaltos encaminados a destruir nuestra fe milenaria, ya ve expedito el camino para el dominio del mundo una vez derrotado tan formidable bastión y factor principal de la victoria. La promesa del Señor nos llena de esperanza y fortalece nuestro espíritu abatido, ante el panorama desolador de ruina moral y consiguiente hundimiento económico.
El que ha vencido al mundo desbaratará los planes de los enemigos de España y de su fe católica como trabó las ruedas de los carros del Faraón y los hizo avanzar pesadamente (Ex 14,15). De donde se deduce, que no habrá poder en la tierra capaz de sacarnos de la profunda sima en la que nos hallamos, si no es un Gobierno que haga de la Ley de Dios la inspiración de su política y de las leyes.
"Reinaré en España ...... " Pero su reinado exige la correspondencia de nuestro corazón contrito y humillado. Creo necesario recordar que somos un pueblo impenitente y que pesan sobre nuestra conciencia gravísimos crímenes por los que hasta ahora no hemos hecho pública reparación. La sangre de las víctimas inocentes, que empapa nuestra tierra, exige una colosal manifestación de duelo colectivo, una Jornada Nacional de Expiación y Desagravio, pues nuestro solar patrio ha de ser purificado, anegado, con las lágrimas de la contrición o, de lo contrario, lo será de nuevo con las lágimas del luto.
Apelo desde aquí a la Conferencia Episcopal Española, a las organizaciones católicas pro-vida, y a todos los que se dignan acercarse a esta modesta tribuna, cada uno según sus posibilidades, a llevar a cabo las gestiones necesarias para institucionalizar el día 28 de Diciembre como de Jornada Nacional de Expiación y Desagravio, en memoria del millón y medio de seres engendrados en la irresponsabilidad y asesinados en la indefensión, y a preparar y asistir a la magna concentración de pública penitencia que, como las gentes de Nínive, logre conmover al Señor y se vuelva del furor de su ira (Jon 3,9).
"¡ Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor !" Y es verdad que España goza de especial predilección dentro de los designios divinos puesto que ni el paganismo romano, ni el arrianismo visigodo, ni ocho siglos de islamismo, ni la sangrienta persecución de 1931-39, han logrado erradicar la fe de este pueblo, aquilatada durante milenios, y que se derramó con espíritu evangelizador y misionero hasta todos los rincones del orbe.
España ha enseñado a rezar al mundo, y es seguro que aún nos aguardan más altos destinos. Pero esto provoca las iras del enemigo que, tras sucesivos asaltos encaminados a destruir nuestra fe milenaria, ya ve expedito el camino para el dominio del mundo una vez derrotado tan formidable bastión y factor principal de la victoria. La promesa del Señor nos llena de esperanza y fortalece nuestro espíritu abatido, ante el panorama desolador de ruina moral y consiguiente hundimiento económico.
El que ha vencido al mundo desbaratará los planes de los enemigos de España y de su fe católica como trabó las ruedas de los carros del Faraón y los hizo avanzar pesadamente (Ex 14,15). De donde se deduce, que no habrá poder en la tierra capaz de sacarnos de la profunda sima en la que nos hallamos, si no es un Gobierno que haga de la Ley de Dios la inspiración de su política y de las leyes.
"Reinaré en España ...... " Pero su reinado exige la correspondencia de nuestro corazón contrito y humillado. Creo necesario recordar que somos un pueblo impenitente y que pesan sobre nuestra conciencia gravísimos crímenes por los que hasta ahora no hemos hecho pública reparación. La sangre de las víctimas inocentes, que empapa nuestra tierra, exige una colosal manifestación de duelo colectivo, una Jornada Nacional de Expiación y Desagravio, pues nuestro solar patrio ha de ser purificado, anegado, con las lágrimas de la contrición o, de lo contrario, lo será de nuevo con las lágimas del luto.
Apelo desde aquí a la Conferencia Episcopal Española, a las organizaciones católicas pro-vida, y a todos los que se dignan acercarse a esta modesta tribuna, cada uno según sus posibilidades, a llevar a cabo las gestiones necesarias para institucionalizar el día 28 de Diciembre como de Jornada Nacional de Expiación y Desagravio, en memoria del millón y medio de seres engendrados en la irresponsabilidad y asesinados en la indefensión, y a preparar y asistir a la magna concentración de pública penitencia que, como las gentes de Nínive, logre conmover al Señor y se vuelva del furor de su ira (Jon 3,9).